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| ¡Qué difícil es hacer un comentario sobre el último libro, sobre el final de la saga que tan presente ha estado en vida en los últimos años! No puedo decir que es el libro que más me gustó de los siete porque, ahora que leí los otros me di cuenta de que cada uno tenía su encanto especial, cada uno es diferente al otro aunque sigan una misma linea narrativa y en todos hay algo fantástico que simplemente no puedo explicar. Incluso el segundo libro Harry Potter and the Chamber of the Secrets que tan poco me gustó la primera vez que lo leí ahora me gustó... y mucho. Por eso, ahora que quiero hablar de Harry Potter and the Deathly Hallows me es tan difícil comenzar ¿qué puedo decir en realidad? No me gustó el epílogo, fue verdaderamente tedioso leer esa información. Incluso estuve tentado a dejar de leerlo y quedarme con EL final. El fin de todos los acontecimientos, esa última linea que, desde mi muy particular punto de vista, cierra muy bien no sólo el libro, sino la saga. Pero fuera de eso todo fue perfecto, armónico, pasó lo que debía pasar y no pasó lo que no debía pasar. Yo sé que todos apostaban a lo mismo y de hecho, si todos recordamos ese capítulo 33, estuvo a punto de pasar. Por eso es que poco a poco comencé a sentirme decepcionado porque yo no quería que pasara... pero nada ocurrió y todo terminó como debía terminar. Y ya, no puedo seguir, son demasiadas incoherencias incluso para mí. Por eso no puedo hacer otra cosa más que decir: Gracias Harry Potter por todos las años, por todas las páginas, por todas las noches, por todas las horas, por todas las risas, las lágrimas, los gritos. Pero sobre todo, gracias por haberme marcado de por vida.
Y sí, soy cursi, y sí, no debería estudiar Lengua y literaturas modernas inglesas porque un best-seller se supone que no debería gustarme y sólo debería disfrutar a los autores del canon, pero ¿saben? me vale. | |
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| Ya lo tengo en mis manos. Ya es mío y sí, ya leí el primer título del primer capítulo y, también, la primera frase, el inicio del fin -como habría dicho Churchill-: «The two men appeared out of nowhere, a few yards apart in the narrow, monlit lane». | |
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| Hace exactamente cincuenta y cinco años nació él. Aquél que se convertiría en el esquizofrénico más famoso del mundo literario -de este año-. Aquél por el que, en clase de Análisis de textos, me pelearía a muerte por defenderlo. Aquél con el que me acosté muchas noches disfrutando de sus historias, de sus secretos, de sus ideas. Aquél que me volvería adicto a su mente, a su ser. Aquél que haría a un lado a mi ahora ex-escritor favorito, Truman Capote. Aquél que responde al nombre de Orhan Pamuk.

Dogum gunun kutlu olsun!
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| «Avanzan a tientas y jadeantes hacia el lugar donde van a ver
a su Señor, cuando lo han visto, lo besan con tanta humildad cuanto frenesí les
embarga. Unos le besan los pies, muchos otros por debajo de la cola y la mayoría
las partes pudendas».
Walter Wakefield y Austin P. Evans, Heresies of the high
Middle Ages, NY, 1969, p. 254. | |
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| Conseguimos buenos lugares. Tercera fila justo frente al lugar que ocuparía Nico en la presentación de su libro —que ya hasta segunda edición tiene— Con M de México. Lorena ya lo llevaba. En cambio yo sólo traía un billete de doscientos pesos para comprarlo si hacían el favor de venderlo —y es que Editorial Norma no fue invitada a la V Feria del Libro de la Biblioteca Central de la UNAM—. No teníamos muchas expectativas de que comenzara a la hora marcada y sin embargo, así fue. A la 1:35 p.m. Nicolás Alvarado apareció en el Jardín de la Biblioteca —que fue tomado durante toda la semana como sede de la Feria— y tras algunos apretones de mano, una breve llamada por teléfono —que, luego explicaría, fue para conseguir que llevaran ejemplares de su libro a vender— y una breve reseña de su trayectoria comenzó con un monólogo harto interesante… y divertido. Pero antes de continuar he de confesar que, antes de este día me consideraba si bien no detractor de Nico, sí poco atraído hacia su persona. De hecho, siendo sincero, no me caía bien. Nada bien. Sus chistes à la «ya terminé, ríete» y su risa —«jo, jo, jo»— me parecían artificiales. Demasiada pose, pensaba cada vez que lo veía en sus programas de televisión. Era como aquellos poetas que conocí en aquella ocasión cuando me vi inmerso por primera vez en las altas esferas intelectuales de México por la presentación de un libro de poesía Recuerdo que el ochenta por ciento de los asistentes estaban relacionados al mundo editorial en México y todos se conocían entre sí y de sus conversaciones salían esas risas artificiales «jo, jo, jo» sin ningún motivo mientras yo pensaba «daría lo que fuera porque alguien se riera con a en lugar de con o». Por eso cuando comenzó a hablar tuve miedo de que fuera igual de mamón que en la tele. Gracias a Dios, me equivoqué. Comenzó con una explicación del porqué del libro, de dónde se le ocurrió el formato tipo diccionario que utilizó —o en realidad de dónde plagió dicho formato—, de cómo realizó la selección de los temas, etc. Luego siguió con una explicación del contenido de libro, los estilos que utiliza —ensayos, guión quasi-teatral, diálogos, cuentos…— para rematar leyendo de una manera bastante peculiar uno de los capítulos contenidos en el libro: Con D de desconfianza —un diálogo entre dos personas que, teniendo como tema central el mismo libro en el que está incluido dicho texto, demuestran como los chilangos tenemos una desconfianza natural hacia todo—. Ya después vino la ronda de preguntas —bastante bizarra porque hasta sobre el aborto le preguntaron [?]—, luego leyó otro fragmento de su libro y tan, tan. Los que teníamos libro nos formamos para que nos lo autografiara y ya. Fin del evento. Ahora, el libro. La edición está muy pero muy cuidada. Buen empastado, buen tamaño de letra, las ilustraciones que acompañan cada capítulo están muy bien hechas, portada interesante… físicamente el libro está muy pero muy lindo. Ya sobre el contenido… no es malo, pero tampoco es excelente. Como cada capítulo es diferente es difícil adoptar una posición concreta sobre el texto. Si tengo que calificarlo, podría ser con la etiqueta de chistosón. Nico trata de darle un tratamiento medio-académico a los topos que desarrolla en su texto y sin embargo siempre deja un elemento banal simplón que provoca cierta afinidad con lo que el texto plantea. Y precisamente ahí creo que está el truco del libro —al menos de los capítulos que he leído en los escasos minutos que he tenido para examinarlo—: bien puedes sentirte por alguna extraña razón identificado con lo que Nico dice sobre el comportamiento que tienen los habitantes del Distrito Federal frente a la vida o simplemente puedes no hacerlo. El efecto espejo no es requisito para que el libro sea entretenido y haga soltar una que otra risita en el autobús de regreso a casa. Aunque claro que también permite una lectura mucho más profunda que provoque catarsis y volverse libro de cabecera para analizar la sociedad chilanga —si tal cosa existe—. Sólo que en este último caso lo que yo más bien recomiendo es un buen psicólogo porque habla de un nivel de clavadez bastante, pero bastante, cabrona. | |
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